Después de una hora (como dirían los
exagerados como mi padre) mirándolo fijamente, me atrevo a
atravesarlo con tres pinchos largos y curvados. Nunca pienso en la
sensación que debe de sentirse al auto-atravesarte un instrumento
como ese por el centro de tu cuerpo. Pero esta vez si, porque tengo
miedo de decepcionarme con el resultado. Me pienso tantas y tantas
veces el inicio del único movimiento que tengo que hacer con mi mano
que casi se me olvida lo que estaba haciendo. Pero entonces me quito
estas tonterías de la cabeza y alzo la mano hasta mi boca. No se si
es que he empequeñecido y el esfuerzo se incrementa o es que estoy
pensando demasiado en una situación en la que no suelo hacerlo. Lo
que sí sé, es que pesa más de lo normal y por lo tanto, espero una
recompensa adecuada. Pero a quien le voy a exigir nada! Por un
momento me siento auto-engañada e imbécil, pero luego prosigo. Ya
está dentro de mi, el problema es que he olvidado lo que era. Lo
paseo en movimientos horizontales, verticales y circulares, pero no
hay cambio alguno. Respiro para dentro para encontrar esa nota de
sabor que tanta ilusión hace en momentos como este. Pero nada, no
hay señal, podría ser cualquier cosa. Y entonces el asco se apodera
de mi, sube desde mi estómago y expulsa todo mi esfuerzo en menos de
lo que me podría llegar a imaginar. Por ahora, me rindo.
lunes, 17 de octubre de 2011
domingo, 18 de septiembre de 2011
Recuerdo
Me acuerdo de cuando era pequeña, pero
de un yo que ya está muy lejos de lo que soy. Me veo desde fuera, no
se si por que mis recuerdos vienen por las fotografías o porque me
veo extraña en ese cuerpo tan pequeño. Recuerdo que vivía en un
piso espacioso, con pocos muebles. En la habitación de mis padres
había una ventana, que no se porqué, la recuerdo a la altura del
suelo, a mi altura. Supongo que mi campo visual no alcanzaba más
allá. En fin, lo importante no era la ventana. Desde ella se podía
ver un maravilloso jardín de flores enormes de colores chillones. No
se podía acceder, pero me gustaba mirarlo, incluso lo visitaban
muchos pájaros y bichos. Era como tener una pequeña selva en la
ventana, como un mundo aparte. Eran tiempos de fantasía y aquella
imagen se parecía mucho al jardín de las flores de Alicia.
Luego estaba el lavadero, que tenia
unas grandes cristaleras, que daban a otro patio o algo parecido, no
recuerdo muy bien. Lo que recuerdo a la perfección era la silueta en
forma de destello (aquellos dibujos que solemos hacer de las
estrellas y los brillos) de la estrella del Norte. Era enorme, como
mi mano, me impresionaba. La solía dibujar, pero nunca conseguía
nada que pareciera algo más que un destello. Recuerdo que lo probé
diversas veces, muchas, incluso miraba cuando merecía la pena
dibujarla. A veces brillaba más, otras veces adquiría un tono
amarillento, otras, se encogía, pero plasmada, siempre era el mismo
destello.
Mi vecina de arriba, que tampoco
recuerdo, tenia un gato persa blanco, enorme. A el si que lo
recuerdo. Por las noches dejaba mi ventana un poco abierta para que
pudiera entrar y cada mañana me despertaba con el en la cama. A
veces me fastidiaba porque se metía debajo e intentaba coger con las
zarpas los mechones que se me colaban entre la almohada...Pero yo le
hablaba y le puse un nombre que no recuerdo...De ahí que me gustaran
tanto los gatos, supongo. Sentía que me podía comunicar con esa
mirada. Pero entonces ya pensaba que los gatos persas recuerdan a
niños ricos relamidos y amargados, siempre con esa cara de
insatisfacción y exigencia.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
La página en blanco
Creo que es difícil saber con
exactitud lo que quieres decir cuando empiezas a escribir con la
mente en blanco, sin bocetos ni lluvias de ideas, sólo con un único
propósito: transmitir una sensación que le gusta a tu mente a
través del fluido sonido de las teclas bajo tus yemas; que no te
dejan de indicar que la cosa va avanzando y que el tiempo no está
parado del todo; que hay algo que se mueve y trabaja ahí dentro.
Pero ese algo debe de estar muy adentro porque no se deja conocer,
sólo actúa superfluamente, de forma casi imperceptible, aunque el
resto de tu yo sea como una página en blanco pulida y sin ninguna
mancha.
Parece que sea un propósito interno,
que no te ataña por completo, algo que funciona sólo incluso en los
momentos en que pierdes conciencia de la realidad. Porque no tengo el
propósito de recopilar conjuntos de letras ni pensamientos. Pero hay
algo que se queda tranquilo en mi cuando pongo un punto final.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Tu regalo, querida
Vosotros sabéis esa sensación que
tenéis cuando debéis hacer un regalo, prácticamente obligado
(porque si no no lo haríais), a cierta persona que no sabéis que
regalarle. Una tía de esas que sólo quiere ropa y si no es de marca
no le gusta. Que te dan ganas de decirle: A ti no te suena una cosa
que se llama libro? No es de tela por eso...
En fin, que llega el día y le digo:
- Aquí tienes tu regalo!
- Pero si fue el mes pasado...
- Ya...pero es que...lo he tenido en
la estantería, ahí pa verlo yo bien... pero la cosa era que no nos
veíamos tu y yo...y que si una cosa y otra y el regalo se
tele-transportó y hasta hoy que no ha aparecido el jodido.
Esta escusa nunca me sirve, la verdad.
Pero es que no miento! Las cosas tienen una fuerza paranormal, amigos
míos, que cuando llevan mucho tiempo en un sitio, se cansan y así
porque si se van a otro lugar. Entonces es como buscar a Wally
vestido de negro.
Y es que encima, esto no es todo, hay
otro detalle: depende del objeto que sea se lo curra mas o no a la
hora de moverse. Lo tengo más que comprobado. Sobretodo el día que
tenemos para des-can-sar que es el domingo! Hay tres tipos de
objetos: los que se cambian de sitio, los que se esconden y los que
desaparecen. Y cada domingo por la mañana, ahí están, las llaves
en el pasillo, el DNI escondido dentro de un zapato y las bragas
desaparecidas. Y mi deducción, hoy por hoy es que contra mas los
usas más se asustan y se alejan de ti.
Yo no sé, la verdad, por que normas
extrañas se regirán las cosas pero lo que está claro es que no te
iba a regalar unas bragas, así que te regalo un libro que seguro que
de tu casa no se mueve.
viernes, 9 de septiembre de 2011
Cómo cuando
Es cómo cuando...cómo cuando? Vaya
forma de explicar las cosas...y CÓMO lo explicas si no, CUANDO
ocurre? Cómo cuando se te enciende la bombilla y se te abren los ojos
más que a una monja viendo una mancha en la pared con la cara de
Cristo, sabes? Y no parpadeas, no; no parpadeas porque no te fías
del todo de tus ojos y sabes que si los cierras no verás exactamente
lo mismo. Así que prefieres dejar de verlo de forma natural:
aguantando la tensión de tu retina hasta que se seca, se seca y ya
no ves nada. Se acabó. Y no es de gilipollas, no es lo mismo. No es
lo mismo porque has tenido unos segundos más, porque los has
aprovechado te dices a ti mismo, aunque sabes que sólo has pensado
en lo que te picaban los ojos.
No sigáis pensando en la monja, era
para que os imaginarais la cara, nada más, sólo cómo cuando. Pero
yo me quiero referir a cómo cuando despiertas después de haber
tenido un sueño alucinante digno de una película, o que va, que
películas...?si has soñado con una revelación del mundo que nadie
sabe, lo tienes claro, y aaaaaahhh tampoco te puedes fiar del todo de
tu cerebro. Ocurre lo mismo, te quedas quieto, no vaya a ser que se
muevan las ideas de lugar, y sigues ahí, intacto, con los ojos de
monja, viendo como van desapareciendo las partes clave de esa
inspiración divina. Y explotan más rápido que los globos de una
fiesta infantil, eso seguro. Y Arggggg te enfadas, te pones nervioso,
tú lo querías escribir todo, tienes que recordar!! Abres más los
ojos y... zas! Adiós! Se fue, se acabó. Ya está, quiero decir, que ya
no está ahí, lo has perdido para siempre.
Y como la mayoría no somos sabios ni
filósofos, ni se nos suelen revelar en la mente constantemente, ni
nos funciona la reminiscencia tan bien como a Platón, nos limitamos
a explicar los cómo cuando. Y siempre va bien para desahogarse y que
otro lo vea y se desahogue pensando que lo que le pasa a el y a ti
les pasa a todos. Entonces respiramos, destensamos los ojos y tenemos
la autoestima por las nubes para escribir cualquier chorrada, sí,
cómo cuando te sientas en el ordenador y escribes esto.
Metrópoli
Mirad a esa tía! Está exhausta, se
para cada tres pasos para respirar y evitar unos segundos de sudor.
Ya no sabe como dirigir la pierna buena ni como colocar la mala.
Cambia continuamente de opinión sobre tener la escayola a 45 grados
o a – 45. No sabe si las muñecas le duelen más con las muletas
así o asá y si se cansa menos dando pequeños saltos o dándolos
grandes. Los túneles del metro son interminables. Ves personas tan
pequeñas en un fondo tan difuso...Y las escaleras! Que mecánicamente
las subía y bajaba entonces. Creo que me mareo...
viernes, 2 de septiembre de 2011
El famoso vaso
Medio lleno o medio vacío? Y qué manía tiene la gente con preguntar esto sabiendo ya el pronóstico de tu respuesta. Si lo ves medio lleno eres optimista y si lo ves medio vacío pesimista? O lo vemos medio lleno porque así se ha designado a los optimistas y de esta manera nos sentimos representados con un extremo, y viceversa? Que alguien me diga yo lo veo medio lleno porque soy una persona positiva es como si alguien me dijera que es honesto por confesar. No puede ser. Siempre hay una parte llena y una vacía. Si la mitad está llena, la otra mitad está vacía y sólo una mitad está vacía si la otra está llena. Pero siempre nos hacen elegir, aún sabiendo que nuestra respuesta sólo será simbólica si se adecua a ambas perspectivas. Te sientes un péndulo por tener una inestabilidad inesperada? O por tomar siempre la misma dirección? Algo así como la estabilidad, que conseguimos con la repetición, quizás? De qué? De lo que significa lo estable o de lo que no significa inestable? Eres una persona estable o inestable? Que pregunta tan ampliamente reducida! Si el vaso siempre está lleno y vacío, es inestable por cambiar o estable por ser siempre así?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)