miércoles, 14 de septiembre de 2011

La página en blanco


Creo que es difícil saber con exactitud lo que quieres decir cuando empiezas a escribir con la mente en blanco, sin bocetos ni lluvias de ideas, sólo con un único propósito: transmitir una sensación que le gusta a tu mente a través del fluido sonido de las teclas bajo tus yemas; que no te dejan de indicar que la cosa va avanzando y que el tiempo no está parado del todo; que hay algo que se mueve y trabaja ahí dentro. Pero ese algo debe de estar muy adentro porque no se deja conocer, sólo actúa superfluamente, de forma casi imperceptible, aunque el resto de tu yo sea como una página en blanco pulida y sin ninguna mancha.


Parece que sea un propósito interno, que no te ataña por completo, algo que funciona sólo incluso en los momentos en que pierdes conciencia de la realidad. Porque no tengo el propósito de recopilar conjuntos de letras ni pensamientos. Pero hay algo que se queda tranquilo en mi cuando pongo un punto final.